Entre 1990 y 1991, la Real Fundación de Toledo promovió un estudio sobre el estado de conservación del patrimonio mueble de los conventos de clausura del casco histórico de la ciudad. El trabajo fue realizado por un equipo de cuatro restauradoras —Rocío Bruquetas, Ana Carrasón, Concepción Cirujano y Rita Regojo— quienes elaboraron las fichas técnicas del inventario, el mapa de daños, documentaron fotográficamente las piezas y emitieron un informe final. El objetivo fue recopilar información básica sobre la situación de riesgo de este patrimonio, para poder formular un programa racional de actuaciones y determinar cuáles intervenciones eran más urgentes. Esta iniciativa representó un paso fundamental para la protección y conservación de un patrimonio valioso, aunque de difícil acceso, gracias al respaldo de la Fundación.