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Estudio del paisaje cultural de Toledo. Los cigarrales

Áreas de actividad

Dirección científica de Jesús Carrobles y Jorge Morín; patrocinio del Consorcio de la ciudad de Toledo. 2009-2013.

 

La finalidad del  estudio era obtener una imagen de los diferentes paisajes culturales generados en el entorno de Toledo y estudiar exhaustivamente el más representativo de ellos, los cigarrales. 

 

Los primeros trabajos se centraron en la recopilación de información bibliográfica, documental y en la prospección arqueológica de una parte muy amplia del denominado espacio cigarralero, siendo especialmente exhaustivos los trabajos realizados en  el Cigarral de Menores, la Quinta de Mirabel  y Pozuela.

 

En 2011 se procedió al estudio de los datos recopilados en la fase anterior, que se completaron con estudios botánicos, geológicos, edafológicos, y la prospección arqueológica intensiva de los lugares de especial interés, entre ellos cabe citar la excavación arqueológica realizada en el Cigarral de Menores que ha documentado la existencia de una tipología más temprana y desconocida hasta el momento, de  estas fincas dedicadas al ocio.

 

Las importantes e interesantes aportaciones que este trabajo ha proporcionado se han dado a conocer en el ámbito científico en congresos, reuniones de expertos y publicaciones.

 

Las prospecciones y excavaciones han documentado la existencia de un importante número de infraestructuras relacionadas con las explotaciones agrícolas anteriores a la aparición de los cigarrales en el siglo XVI. Se trata de captaciones de agua mediante galerías cubiertas de clara tradición andalusí, norias, balsas, canales de riego, molinos hidráulicos y amplias obras destinadas a la creación de campos de cultivo adaptados al riego. El estudio detallado de estos elementos, combinado con el de las ricas series documentales de carácter notarial que se conservan en Toledo desde finales del siglo XI, ha permitido conocer la implantación de un modelo de aprovechamiento intensivo  del suelo mediante la creación de espacios irrigados, con esquemas similares a los conocidos en las ricas huertas ubicadas en levante y Andalucía. Su origen parece fecharse a lo largo del siglo X aunque, probablemente, fue en las primeras décadas del XI cuando se consolidó y adquirió su mayor expansión.

 

Sobre estas antiguas propiedades agrícolas andalusíes, surgen en el siglo XVI los primeros cigarrales propiamente dichos,  fincas pequeñas en relación con las que predominan en la actualidad, que se encontraban fuertemente cercadas y contaban con una pequeña construcción que se disponía sobre alguno de los enclaves más privilegiados desde los que se podía contemplar el entorno natural que se desplegaba a sus pies. Las excavaciones arqueológicas realizadas en uno de ellos, situado en el cigarral de Menores,  ponen de manifiesto que se trataba de pequeñas construcciones destinadas al ocio que carecen de función residencial, pero en las que continúa la producción agrícola de regadío y se potencia el contacto con la naturaleza, estas construcciones son el punto de partida del cigarral moderno antes de la incorporación de los grandes complejos de la Quinta de Mirabel o del convento de Menores.

 

Los cigarrales construidos en las décadas finales del siglo XVI y la primera mitad del XVII, se mantuvieron  hasta el momento en el que la crisis de Castilla afectó a ciudades como Toledo que perdió una parte importante de su población,  incluida la práctica totalidad de la nobleza y de la aristocracia urbana, que eran los propietarios y usuarios de estas fincas. En la ciudad, esta situación provocó la desaparición de numerosas casas  principales y un fuerte proceso de conventualización que transformó el aspecto de la población. En el área de cigarrales se produjo un fenómeno paralelo que posibilitó la reconversión de varios cigarrales en conventos, el paulatino abandono de los jardines y de todo lo relacionado con el ocio, y favoreció la ampliación de las explotaciones agrícolas de frutales y olivares que se convirtieron en el elemento predominante de este paisaje cultural.

 

El final de este modelo de cigarral se produjo como consecuencia del auge que experimentó la ciudad en los primeros años del siglo XX, gracias al proceso de recuperación simbólica de Toledo y de lo toledano que realizaron diferentes intelectuales vinculados a las conocidas generaciones del 98 y del 14. Dentro de este proceso se produjo la recuperación de la antigua idea culta del cigarral gracias a la iniciativa de personajes como Gregorio Marañón, que en 1921 adquirió el cigarral de Menores y lo convirtió en un espacio de protocolo y cultura. La suma de esfuerzos similares posibilitó la recuperación de los cigarrales históricos más destacados y el desarrollo de nuevos modelos arquitectónicos en los que predominaba el historicismo.

 

Las prospecciones arqueológicas antes citadas también han documentado la existencia de un paisaje cultural efímero superpuesto al de los cigarrales antes descritos y que se relaciona con la utilización de estas fincas como espacio bélico en la Guerra Civil española. Los trabajos, realizados por un amplio equipo interdisciplinar integrado por arqueólogos, historiadores, geógrafos y militares, han permitido documentar el Frente Sur del Tajo en la zona de Toledo, que ha sido tratado como un elemento unitario que incluye todos los sistemas de fortificación existentes. Además, el estudio de la cultura material recogida permite asignar las posiciones a uno y otro bando ya que no fue un frente estable, sino que se vivieron diferentes episodios de cambios de posiciones. Esta investigación supone una novedad en el estudio de la Guerra Civil española, ya que no se había abordado hasta ahora la investigación de un frente completo desde perspectivas arqueológicas.