En el centenario de la muerte del poeta Tomás Morales los visitantes del Museo Victorio podrán contemplar por primera vez esta magnífica obra de Victorio Macho que debido a su mal estado de conservación no pudo instalarse en el Museo tras su rehabilitación en 1999.

La Pleurante del sepulcro del poeta Tomás Morales es una de las esculturas más importantes en la larga trayectoria de Victorio Macho. El original de yeso que ahora se muestra se realizó en 1922 y sirvió de modelo para la talla en piedra que forma parte del monumento funerario conservado en el cementerio de Vegueta en Las Palmas de Gran Canaria.
Estamos ante una obra excepcional que, pese a conseguir un amplio reconocimiento poco después de su presentación, es poco conocida, quizás por la voluntad del propio escultor que quiso trascender con una obra figurativa mucho más tradicional. Sin embargo, el volumen y la forma de esta figura, su calidad compositiva y la evidente capacidad para mostrar el dolor de la muerte sin recurrir al gesto, muestran la existencia de un escultor diferente, más vanguardista, que fue el que la crítica reconoció en las primeras décadas del siglo XX por la capacidad que demostró para renovar la escultura monumental española.
La obra, también denominada Musa por el propio escultor, es el mejor ejemplo que conservamos del esfuerzo realizado por Victorio Macho para avanzar en sus propuestas creativas, en este caso mediante la superación de la figuración moderna y regeneracionista, que le había permitido darse a conocer con monumentos tan destacados como el que dedicó a Galdós en el parque del Retiro en Madrid. Su evolución, que fue consecuencia del conocimiento de las experiencias más exitosas realizadas en París o Viena, le llevó a aproximarse a un geometrismo e incluso a un incipiente cubismo aunque sea tardío, que se muestra en unas pocas esculturas que marcan el momento central de su carrera.
Inauguración de la Exposición de Artistas Ibéricos en el Retiro. Entre los personajes se identifica a Margarita Nelken a la izquierda, a continuación Ricardo Gutiérrez de Abascal (“Juan de la Encina”), Alfonso Pérez Nieva (Director General de Bellas Artes) y Victorio Macho, en el extremo derecho Eugenio d’Ors y Salvador Dalí (Blanco y Negro, 31-V-1925)
Entre ellas destaca esta excepcional escultura cuyo valor fue plenamente reconocido tras su participación en la primera exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos celebrada en Madrid en 1925, que significó la definitiva modernización del arte español. En ella participaron artistas tan destacados como Alberto Sánchez, Rafael Barradas, Salvador Dalí o Benjamín Palencia que posaron para diferentes fotógrafos delante de esta escultura, que se convirtió en muestra de lo mejor del arte español de aquel estratégico momento. Con posterioridad la pieza fue mostrada en París y en la sala dedicada a Victorio Macho en la XVIII Bienal de Venecia celebrada en 1932.
Fue, sin lugar a dudas, la escultura más avanzada de nuestro artista, la única que carece de rostro y la que parecía anunciar una evidente renuncia a las formas más tradicionales que finalmente no se produjo. De hecho, poco después de elaborar la pieza, Victorio Macho abandonó este camino y renunció a cualquier nueva experimentación en sus figuras. Con ello dejó el camino libre a una serie de escultores más jóvenes como Emiliano Barral, Mateo Hernández o Pérez Mateo que fueron los encargados de continuar con la renovación del realismo español.
Jesús Carrobles Santos
Presidente de la Junta de Protectores
La Fundación acaba de comprar en una subasta una reproducción del dibujo de Victorio Macho titulado Labriego español, publicado en la revista La Esfera, en el nº 226 del 27 de abril de 1918. Es un excelente dibujo a lápiz marrón, realizado por Victorio Macho entre 1910 y 1915 dentro de la serie La Raza, donde retrató a personajes que representaban lo que el escultor denominaba el “espíritu castellano”, una exaltación de las raíces españolas en consonancia con los valores defendidos por la Generación del 98.
La importancia de esta compra se debe al desconocimiento del paradero del dibujo original, solo constatada su existencia por esta reproducción. Seguramente el dibujo, realizado de joven en los inicios de su carrera artística, pudo venderlo para poder sobrevivir, debido a su economía precaria.
La Real Fundación de Toledo agradece a Enrique Sánchez Lubián, periodista y durante muchos años jefe de prensa del Ayuntamiento de Toledo, la donación de un documento que pasa a formar parte del Archivo de Victorio Macho. Se trata de la portada del suplemento literario de Los Lunes de El Imparcial, del 16 de mayo de 1920, en donde se reproduce el dibujo de Macho titulado La Virgencilla Morena ilustrando un texto de los hermanos Álvarez Quintero.
Continuando con nuestro compromiso con el Tajo, parte del patrimonio natural y cultural de la ciudad de Toledo, la Real Fundación de Toledo se une a la Cátedra del Tajo que promueven la UCLM y la Fundación Soliss.
La Real Fundación de Toledo, en colaboración con la Consejeria de Desarrollo Sostenible de Toledo, pone en marcha el Vivero Histórico de Toledo, un proyecto pionero cuyo objetivo es fomentar entre la ciudadanía el conocimiento y la preservación de la riqueza botánica de la ciudad de Toledo, especialmente de las especies de carácter autóctono y que tenga un alto valor medioambiental por su significación histórica, edad, rareza o porte.
Presentación de la Guía Práctica para el Desarrollo de Eventos Sostenibles. Dirigida a Ayuntamientos, empresas y asociaciones.
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Arias y motetes para el Corpus de Toledo en el siglo XVIII: Cristalina fuente
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